Detallaremos el estudio de la imagen desde dos puntos de vista. Por una parte veremos el estudio de cómo se ha podido formar esa imagen y por otra parte veremos lo que nos dice la imagen misma. En cuanto el estudio científico de la huella que aparece en la Sábana, diremos que es lo más documentado, lo más estudiado hasta la fecha.
La investigación más importante sobre la formación de la impronta de la Síndone se realizó en EEUU. En los años setenta se formó un equipo científico que se denominó STURP: siglas en inglés de Shroud of Turin Research Project (Proyecto de investigación de la Sábana de Turín) Los dos caballeros de la fotografía son el Dr. John Jackson y el Dr. Eric Jumper, que fueron los portavoces de ese equipo norteamericano y los que presentaron su hallazgo más importante al que nos referiremos enseguida.
Pero para entender cómo se llegó a que un grupo de científicos norteamericanos se dedicara a estudiar la Sábana Santa es necesario hacer un poco de historia. En los años setenta casi los únicos que tenían ordenadores en el mundo eran los laboratorios espaciales. ¿En qué estaba metido el Jet Propulsión Laboratory (JPL) de Pasadena en
? En aquel momento estaba iniciándose el «Programa de exploración de Marte»: Se había lanzado una sonda espacial -
- que, a distancia, iba tomando imágenes de la superficie del planeta.
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Lo que pretendían era obtener imágenes tridimensionales de detalle. ¿Cómo se podía hacer eso? Pues lanzando desde la sonda haces de luz ultravioleta y con ellos ir midiendo distancias. En la «placa fotográfica» lo que aparecían eran puntos más claros o más oscuros con distintas tonalidades de gris. Los distintos niveles de gris estaban en relación directa con el relieve, y el ordenador transformaba esas tonalidades en distintas alturas. Eso hacía que, por ejemplo, en la fotografía de una zona montañosa como la que vemos aquí, pudiéramos, por el tono de gris, conocer la altura de cada punto y obtener una imagen con información tridimensional: con el largo, el ancho y también la profundidad.
Cráter
Este sistema lo que intentaba era obtener imágenes de la superficie de Marte. No estaba hecho para la Sábana Santa ni tenía nada que ver con ella, sin embargo al profesor Jackson se le ocurrió que podía ser un procedimiento aplicable a la imagen de la Sábana Santa. La razón era que Jackson conocía que muchos años antes, el profesor Paul Vignon había descrito la imagen del negativo fotográfico de la Sábana como una imagen que parecía tener información tridimensional y pensó que, quizás, el VP-8 podía poner de manifiesto esa tercera dimensión. Se dirigió a unos compañeros y les pidió que aplicaran a la imagen de la Sábana el método que habían desarrollado para las imágenes de la misión espacial para ver lo que ocurría.
Los investigadores parten de una imagen del negativo fotográfico del rostro de la Síndone (una imagen de dos dimensiones, con distintos puntos de claroscuro) y la someten al mismo proceso que las imágenes de Marte. El analizador de imagen (VP-8), atribuye a ese claroscuro una altura, algo puramente convencional, y se descubre que la impronta adquiere un relieve que es coherente con un cuerpo en tres dimensiones.
Esto quiere decir que la densidad de la impronta en cada punto (su tono más claro o más oscuro) está en relación con el relieve de un cuerpo de tres dimensiones. No hay distorsiones prácticamente, mientras que una foto normal puede aparecer totalmente distorsionada. En una foto normal el claroscuro de cada punto depende de la incidencia de la luz y no guarda ninguna relación con el relieve.
Esta característica, que hemos llamado tridimensionalidad de la imagen aparece en todo el cuerpo, no solo en el rostro.
Evidentemente el ordenador no distingue entre quemaduras, remiendos, chamuscaduras... a todos los puntos les atribuye relieve según el tono más claro o más oscuro, pero si nos fijamos en la impronta del cuerpo vemos que parece tener el relieve propio de una persona de tres dimensiones.
Esto es tan insólito que hay quien ha dicho que nos permite descartar totalmente la posibilidad de un falsificador.
Pero además se dieron cuenta de que en toda la zona de la sábana que había cubierto, supuestamente, la superficie del cuerpo había imagen. Incluso - y esto es lo que realmente les llamó la atención - en aquellos puntos donde es imposible que la tela hubiera llegado a tener contacto físico con el cuerpo. Al experimentar con un voluntario y tomar las medidas pertinentes vieron que en los lugares donde no hubo contacto físico entre el supuesto cadáver y la Síndone la intensidad de la huella era proporcional a la distancia. Como expresaron en esta gráfica la mayor o menor opacidad de la imagen en cada punto guarda una relación matemática con la distancia de la tela al cuerpo. Es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Esto es completamente imposible.
Lo que dicen los estudiosos norteamericanos cuando ven la imagen tridimensional de la impronta es que no es posible que se haya producido una imagen así de ninguna manera. El problema es que estaba, ¿por qué? Este enigma era tan interesante, tan digno de hacer un estudio científico, que se formó un equipo de 33 componentes, que, con enorme entusiasmo y complicándose la vida, pidieron ir a Turín para estudiar la tela. Casualmente dos años después, en 1978, hubo una ostensión de la Sábana Santa. Una de las pocas ocasiones en que el Lienzo sale de la urna y se podía estudiar.
Este equipo de científicos presentó un protocolo detalladísimo de las pruebas a realizar y pidieron permiso para llevarlas a cabo. Conseguidas las pertinentes autorizaciones volaron a Turín y pudieron estudiar directamente la Sábana durante cinco días. Lo que iban buscando en ese estudio eran las características de la imagen. Querían saber cómo se formó la impronta.
Entre los 33 investigadores había gente de todo tipo, y por supuesto de distintos laboratorios. Destacan varios integrantes del Laboratorio Científico Nacional de los Álamos, que en aquel momento era uno de los laboratorios más prestigiosos del mundo.
Fundamentalmente hicieron dos tipos de pruebas. Pruebas de espectrografía y de espectrofotometría con distintas longitudes de onda, es decir con luz visible, luz infrarroja, luz ultravioleta, rayos X y además analizaron el espectro de las muestras que tomaron de la Sábana para ver qué es lo que formaba la huella.
Se calcula que realizaron unas 5000 fotografías científicas y, por supuesto, tomaron muchas macrofotografías de distintas zonas que permitieron conocer muchos detalles no visibles a simple vista.
Básicamente intentaban conseguir respuesta a dos preguntas. La primera pregunta que requería respuesta era si lo que aparentemente era sangre en la Sábana, esos puntos que hemos marcado de negro en la gráfica, eran o no de sangre. Evidentemente, en caso contrario, no tendría sentido seguir investigando. La respuesta quedó clara: Sí, en la Sábana Santa hay sangre. Se pudo comprobar que hay una serie de componentes inorgánicos que no dejaban lugar a dudas.
Según el profesor Adler, un científico judío, independiente del equipo STURP y muy prestigioso en USA, al que le llevaron las muestras y le propusieron que diera su diagnóstico, dijo literalmente «Si esto no es sangre, me como el microscopio»
El profesor Baima Bollone, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Turín, confirmó que era del grupo AB, con el método de los antígenos fluorescentes. Según Baima Bollone es un grupo sanguíneo muy poco frecuente en el mundo, pero muy característico de los grupos étnicos de Oriente como los judíos yemeníes.
La segunda pregunta que había que contestar: ¿Y donde no hay manchas de sangre, podemos decir cómo se ha formado la imagen? Pues esa es una pregunta sigue sin solventarse, porque hay algo ha cambiado superficialmente el color de esas fibras pero no existe ningún tipo de pigmento, pintura o colorante. Pensaron que estaban ante una degradación de la celulosa del lino mismo y eso da color a algunas fibras, de forma absolutamente superficial.
Además no se entiende que la coloración de las fibras haya ocurrido de una forma tan selectiva. Si vemos una zona donde hay imagen y vemos con el microscopio las fibrillas vemos que hay algunas con color junto a otras que no tienen color y eso no es fácil de explicar. Si estuviéramos pintando con acuarela por ejemplo, la capilaridad haría que todas las fibras que estuvieran unas al lado de otras aparecieran con el mismo color, sin embargo en la Sábana hay como huecos, fibras donde hay imagen y fibras donde no.
Lo que dicen los americanos en 1981, cuando acaban su estudio, es que estamos ante una huella que es imposible de por sí. No está hecha con nada. Si comparamos la huella de la Síndone con el gran número de copias que se hicieron de ella con diversas técnicas podemos ver que no se parecen en nada. No hace falta siquiera analizarlas con microscopio.
Con luz transversal
Una forma diferente de comprobar esto mismo nos la proporciona esta fotografía. Es una imagen que tomaron con «luz transversal», que se ha obtenido colocando unos focos cuya luz atraviese la tela. La tela aparecerá más opaca en aquellos lugares donde hay cualquier tipo de material encima de los hilos. Si la impronta estuviera realizada con algún tipo de pintura, al atravesar con la luz la tela se verían más opacas las zonas que tuvieran pigmento. Sin embargo en esta imagen, sólo se ven más opacas las zonas donde hay sangre, porque eso sí que es material que está sobre los hilos, pero la huella central ha desaparecido, no se ve, porque sobre los hilos no hay pigmento parece que sea el propio hilo el que ha cambiado de color. Incluso si nos fijamos en las zonas donde el agua ha arrastrado ceniza o suciedad cuando se mojó en el incendio de 1532, veremos que los contornos de esa agua se mantienen y se ven como zonas más opacas. Es sencillamente porque ahí sí que hay material sobre el hilo. Si una marca de agua, que debería ser realmente sutil, se ve, ¿cómo es posible que no se vea la huella central?
Sin embargo en la Sábana se han encontrado muchas cosas. Los norteamericanos en sus publicaciones nos muestran partículas de mirra, partículas de madera, tejido epitelial que es piel humana, que además es de mayor grosor que la femenina y por tanto es piel humana de varón e incluso tejido muscular en la zona de la espalda.
Los norteamericanos no afirman que la impronta esté hecha de una manera o de otra, lo único que indican es que conocidas las características de la huella, no hay medio de entender cómo se ha producido. El equipo de estudiosos sabe que esa huella tiene nueve características que, en sí mismas, sumadas las nueve, no se dan por ningún procedimiento conocido de formación de imágenes.
- En primer lugar dicen que la huella producida sobre la tela es absolutamente superficial. Sólo las fibras más superficiales de los hilos tienen imagen
- En segundo lugar dicen que es una imagen que no tiene direccionalidad. Es como si el cuerpo se hubiera proyectado perpendicularmente al lienzo que lo estaba cubriendo
- En tercer lugar afirman que hay ausencia de pigmento, es decir no hay pintura ni ningún tipo de colorante.
El incendio de 1532 nos ha proporcionado dos características más
- Es una huella que resiste a los cambios de temperatura porque la tela se ha quemado en algunos puntos, pero evidentemente la tela entera tuvo que sufrir unas alteraciones de temperatura muy fuertes y si se tratara de algún tipo de pigmento se notarían distintas tonalidades en la imagen.
- También el incendio de 1532 nos demuestra que la huella es estable ante el agua, porque el agua no emborrona las marcas, es decir, deja el cerco correspondiente, pero no emborrona la huella, ni difumina la imagen. Bueno pues evidentemente en la imagen tenemos la estabilidad térmica y la estabilidad al agua.
- Pero además, en aquellos momentos, en 1981, mencionan una sexta característica y es la estabilidad química. Prueban casi 500 decolorantes y no pueden eliminar ese tono pardo amarillo que tienen las fibras con imagen. ¿Qué es lo que ha formado esta huella?
Lo que ellos dicen es que es una degradación de la celulosa del lino, algo así como lo que ocurre cuando colocamos un periódico al sol y se va haciendo amarillo con el paso del tiempo. No hay nada que pigmente esa celulosa, lo que ocurre es que se degrada, se oxida y va cambiando el color.
Y las tres últimas características son
- La negatividad. Ya hemos visto que es en el negativo fotográfico donde vemos cómo era el hombre de la Sábana.
- La tridimensionalidad, es una imagen que tiene información del relieve del cuerpo.
- Y por último la pormenorización, es decir la enorme cantidad de detalles que tiene la imagen, lo cual no es normal. No la encontramos en ninguno de los muchos experimentos que se han hecho para copiar de forma natural o de forma artificial lo que se ve en la Sábana.
Si colocamos estas nueve características en vertical y las distintas teorías en horizontal (que en el año 1981 eran básicamente cinco posibilidades) nos saldrá este esquema y vemos que no hay ninguna posibilidad de que alguna de las teorías explique a la vez las nueve características. Es verdad, y por eso hubo cierta confusión que se dijo que algún tipo de radiación, de calor, de luz o algo así podía producir una huella con ocho de las nueve características, pero lo cierto es que la novena: el detalle, la pormenorización, no se ha logrado de ninguna de las maneras. No se puede conseguir una imagen tridimensional y que además tenga ese detalle fino que se ve en la Sábana. Es imposible porque se necesitaría una radiación que fuera colimada y no colimada a la vez. Y esto no se puede lograr.
Los miembros del equipo STURP, antes de publicar en 1981 el informe final sobre la imagen dedicaron más de 150.000 horas de estudio al tema que han plasmado en 27 publicaciones científicas. La conclusión a la que han llegado es que no existe método natural o artificial de producción de una imagen con esas características.
En opinión del Dr. Jackson, físico de la «U. S. Air Force Academy: en base a los procesos físico-químicos conocidos hasta hoy, tendríamos motivos para decir que la imagen de la Síndone no puede existir; pero es real, aunque no consigamos explicarnos cómo se ha formado».
Ver las conclusiones oficiales de STURP.
Ese es el veredicto que da la ciencia en 1981. La Sábana Santa es un misterio, no sabemos cómo se ha producido, pero sabemos cómo no se ha producido, es decir no es una imagen hecha por vapor, ni por contacto, ni por las dos cosas, ni por ningún tipo de pigmento. Por lo tanto la imagen de la Sábana Santa es un misterio, como decía el Papa Juan Pablo II, es un «reto a la inteligencia».