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Teniendo en cuenta todo lo anterior y de acuerdo con los experimentos hechos en la Facultad de Medicina de Madrid, se puede establecer la siguiente hipótesis contrastada: El Hombre del Sudario de Oviedo murió torturado, tras desarrollar un importante edema de pulmón agudo, como consecuencia de estar colgado (en posición vertical, cabeza inclinada hacia delante), sujeto por los brazos de tal manera que la sujeción permitía el juego de la articulación del codo, y los pies colocados de forma que le resultaba muy difícil apoyarse en ellos para respirar, pero sin embargo podía hacerlo. Es decir, no tenía los pies colgando, (hubiera muerto rápidamente y no le hubiera dado tiempo a generar tanto líquido como consecuencia de los esfuerzos para respirar) pero tampoco podía apoyarse en ellos cómodamente porque entonces no le hubiera costado tanto esfuerzo respirar. El cuerpo pudo quedar colgando de los brazos, con la cabeza inclinada hacia el pecho y hacia la derecha, de manera que el mentón lo toca y la cabeza con su plano medio, paralelo al pecho y espalda, casi horizontal. En esta postura la mejilla derecha queda casi tangente al hombro derecho.
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Muy poco tiempo después de morir se le colocó el Lienzo de Oviedo rodeando la cabeza de la siguiente manera: Se comenzó a colocar por la parte posterior de la cabeza, donde se observan unas heridas puntiformes con sangre que debió manar, aproximadamente, una hora antes (cuando todavía estaba vivo el Hombre del Sudario) enjugando la sangre existente. Se sujetó al pelo largo -siguiendo una especie de coleta- con unos elementos punzantes parecidos a los actuales alfileres, pero de mayor diámetro. A continuación, el Lienzo envolvió todo el lado izquierdo del Rostro, la barba y llegó hasta el lado derecho. Dada la posición de las manchas que define la posición de la cabeza, al llegar a entroncar con la mejilla derecha se dobló el Lienzo sobre sí mismo y se unió, con los elementos punzantes antes mencionados, a la barba. El lienzo así vuelto pasa doble por delante de la cara; la parte que sobra se recoge, doblado en tres, sobre la parte izquierda de la cara, completándose la operación con los alfileres o similares cerrándose finalmente sobre la cabeza hacia detrás. Esta postura necesita para ser estable que el brazo derecho esté elevado de manera que casi se pueda apoyar la mejilla derecha en la cara anterior del hombro, ya que si no es así |
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quedaría el Lienzo en una posición inestable y absurda, dado que si no hay brazo que lo impida, la propia postura demanda que el Lienzo hubiera rodeado la cabeza completamente y no sólo la parte izquierda. A continuación, el cadáver fue colocado en decúbito prono lateral derecho durante unos cuarenta y cinco minutos, y posteriormente levantado boca arriba. Al moverlo y elevar los pies por encima del plano de la nariz y boca, se produjo una efusión de sangre que se intentó detener por alguna persona presente, presionando con fuerza ambos orificios con su mano izquierda por encima del Lienzo. El cadáver fue transportado a algún lugar cercano, (el trayecto duró minutos), y allí el Lienzo permaneció rodeando la cabeza del cadáver. Por último, éste fue vuelto a mover una vez más y cuando finalizó ésta última operación, el que llamamos "Sudario de Oviedo" le fue retirado del Rostro. Después -muy posiblemente- volvería a ser depositado sobre la cabeza ya amortajada. |
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